Hoy os traigo la segunda parte del especial de frases geniales de Laila Winter ^^  Si con la primera parte os puse las frases de “Laila Winter y las Arenas de Solarïe”, esta vez son frases sobre la segunda parte, “Los Señores de los Vientos”. Han sido elegidas por David Cuevas (Qentris), un amigo y comentarista del blog, que ha tenido la amabilidad de seleccionarlas para todos vosotros 😉

Os dejo con sus frases seleccionadas. Por cierto, si no habéis leido la segunda parte de Laila Winter, no las leáis, CONTIENEN SPOILERS!!!

CITAS DE LAILA WINTER Y LOS SEÑORES DE LOS VIENTOS elegidas por David Cuevas

  • Gigantescas aves de fuego llegaban por todos lados. Alzaban sus alas tan enormes como cortinas de llamas y se acercaban a las pirámides en un lento vuelo de muerte.
  • Su boca entornará versos al ritmo de su corazón desdichado.
  • Si eres una bruja, entonces me has hechizado.
  • Sigue intentando no aceptarte a ti misma. Corre junto a ésas que te odian porque saben que eres mejor que ellas y vuélvete idiota. Te das lástima de ti misma pero la única verdad es que te da miedo enfrentarte a la realidad.
  • Sus palabras dolían de una forma horrible pero increíblemente la aliviaban como un cuchillo que hurga en la herida para sanear los tejidos.
  • La paciencia es una gran virtud.
  • Los vientos traen rumores pero ya casi nadie los escucha. Ojalá fuese más sabia y entendiese que me quieren decir, aunque creo que no quiero saber qué va pasar.
  • Encontraría su punto débil y lo atacaría moldeándolo a fuego como el martillo golpea al acero: una y otra vez, hasta que hace de él la mejor de las espadas.
  • El peligro de la locura siempre está al acecho, y más aún cuando pasan los eones y ya nos convertimos en viejas solitarias que ven enemigos donde no los hay.
  • Con las lágrimas arrasándole los ojos, sintiendo que no era capaz de respirar una bocanada más de aire, que su corazón dejaría de latir, que ya nada tenía sentido. Era el castigo que se merecía.
  • El dolor del corazón era tan intenso que no podía pensar. No podía vivir. Lo daría todo. Vendería su alma si era necesario, pero no podía resistir aquella horrible  amargura un segundo más.
  • Y entonces la realidad la inundó de golpe como una ola gigantesca estrellándose contra las rocas.
  • El último sonido, la última nota de la canción de los alisios en su agonía de muerte, fue intensa como una estela plateada hundiéndose en el corazón.

 

¡Esperamos que os gusten! ¡Muchos besos, nemhiries!

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